Sobre mí


Mi abuelo...mi abuela... como los recuerdo, ellos fueron responsables de mis sueños, de mis alegrías, y de mi aprendizaje sobre el uso y respeto de la naturaleza. Les tocó nacer arraigados a la tierra, por el incierto de aquellos tiempos, tierra que no solo envolvió su piel, sino también su mente y alma al cuidar de aquellos pintorescos valles entre las montañas de algún pueblo de Albacete. Pueblo frío y caliente que no logró apagar su luz de esperanza, de progreso y de cambio, cambio que les acabó llevando a la ciudad, como a cualquier hijo de vecino. A pesar de ello, dentro de su corazón, latían un puñado de semillas que esperaban la llegada de la primavera para caer en aquellas macetas de balcón. Humildes macetas de balcón y sabios consejos al oido, de un abuelo que observaba a sus plantas medrar al ritmo del tráfico de la ciudad. Esa ciudad que hizo crecer a sus hijos mientras, poco a poco, iba acabando con los pocos sueños y semillas que quedaban en el bolsillo, de aquel hombre resignado a sucumbir sin libertad, entre asfalto y farola.
Dentro de mí, con el paso del tiempo y con el movimiento del mundo moderno, empezó a germinar aquel susurro de ese señor, que imponía respeto pero evocaba ternura, susurro que trajo grandes cambios en mi presente y que buscaba redimir de alguna manera aquellas tradicionales memorias del pasado.
Así fué como decidí entregar mi vida a la tierra, dejé un "gran puesto" de trabajo en la ciudad y me dirigí a una isla que llaman Ibiza. Comenzé en la tierra, como pagès, gracias a mis queridísimos Pep y Catalina (de Can Pep Rich), tarea ardua en los comienzos, pero que logró hacer florecer aquella sangre de luchador polvoriento que corría por mis venas. Los sucesos con los cultivos y los nuevos cambios en el clima que estaban siendo un hecho, me obligaron a nacer como estudiante. Comencé a formarme autodidacticamente y a experimentar en pequeñas parcelas, en dónde los errores y aciertos me daban el latido para continuar. Sin embargo, la sed de conocimiento invadía mi mente y la necesidad de ampliar conocimientos fue imperante. Así comenzaron mis estudios superiores, que tanto abrieron mi mente y me adaptaron para el mundo de hoy.


Solo espero que, con mi labor y entrega, pueda dejar un camino más bonito para los amantes de la belleza que no logro ver cuando miro atrás.
                                        Javier Fernández